Pastores del Rebaño: Tratado de teología pastoral (Edición revisada)

Del Introducción

La vocación del ministerio cristiano es único en su clase. Es tanto un llamamiento como una profesión. Es, en primer lugar, un escogimiento hecho por Dios. El Señor Jesucristo dijo: ”No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Jn. 15:16). A Saulo de Tarso, quien iba camino a Damasco, le dijo: “Porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo” (Hch. 26:16). El apóstol Pablo siempre consideró su trabajo como una designación de Dios. Les dijo a los gálatas: “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo lo predicara entre los gentiles, no me apresuré a consultar con carne y sangre” (Gl. 1:15-16). Les dijo a los corintios: “Si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme, porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciara el evangelio! Por eso, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada” (1 Co. 9:16-17).

(English: Overseers of the Flock)

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